“ASESINARON A UN ´INOCENTE´”

“Como todo villano usa la inteligencia para hacer el mal” (“El malvado Carabel”)
Era de esperar. A un colega le pasó lo mismo y coincidían en la zona y costumbres sexistas. En común tenían, por práctica habitual, lucrarse de la enfermedad o la desgracia ajena, para de seguido arrebatarle los bienes o las pocas esperanzas de vida que les quedaba, para tras superar la afrenta a la salud, asumir la quiebra social y económica.
Conocido como diabólico, dado su instinto anómalo que le incita a desafiar las reglas morales, sociales y legales, para hacer uso de la inteligencia y el conocimiento y gozar creyéndose un superdotado, cuando en realidad es un burdo y servil esclavo de la adicción al deseo del poder, sin que se lo reconozcan quiénes saben de su procedencia.
Al odiar a sus ancestros, reniega de sus genes, avergonzándose de ellos, para lo cual hace ostentación de riqueza y posición social; aún cuando es señalado por unos y otros, camina y desconfía de su sombra, escuchando y sintiendo la repulsa y el desprecio de los demás.
En psiquiatría le diagnosticarían de inmediato (“Trastorno de personalidad disocial), sin confesión, al juzgarle a pura apariencia; ya que no en vano es obseso con los presupuestos morales, lo que le encuadra en un típico representante de la cleptomanía. Y como única justificación describiría su parafilia: “No soy yo… son mis pies los que me llevan”. Es por ello que desconoce el remordimiento y muestra un gran cinismo gestual y conductual.
Lo último que se supo es que andaba en enredos de faldas y que le gustaba pasear y “pavonearse” acompañado; aunque se cuidaba mucho de la noche, los ruidos y la soledad; al ser muy temeroso de Dios y de su religión, por ser un compulsivo violador de los mandamientos.
Debe existir una larga lista de candidatos, dado el dolor y el daño familiar producido a tantas familias. Quizás aplicaron la “Ley del Talión” y hasta se llenarán de atenuantes los autores intelectuales, si bien todo fue por encargo, muy al uso.
Aquí aplica aquello de “quien a hierro mata a hierro muere”, por tanto habrán lágrimas de cocodrilo de quien escuchó un día decir: “Te mato, te entierro y te lloro”.
En todo caso, en su epitafio habrá una leyenda, ya que pesar de sus escaramuzas delictivas, presumía de ser inocente.
Y qué casualidad… Hoy es el día de los Santos Inocentes.
¿Será broma, realidad o premonición?

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