“EL ALTO DEL LEÓN”

Subir en Navidad al Alto del León es parte de nuestra vida”

                                                                          Gonzalo Fuertes. Ex ciclista

Aquellos pioneros que en 1949 iniciaron lo que después sería una tradición, con mucha abnegación y mayor esfuerzo enseñaron al mundo que en España había potencial. Sin ninguna clase de apoyo, más que el de la familia y amigos que apoyaban, subieron al podio y a la cima de las carreras mundiales, demostrando que tesón y voluntad valen tanto o más que la parafernalia que ahora acompaña a las pruebas ciclistas que gozan de enorme e interesada resonancia mediática.

Vale resaltar que esos aficionados al ciclismo y, en algunos casos, también corredores de pruebas ciclistas de carácter local, regional o nacional, eran verdaderos “héroes del asfalto”, que con tremendo esfuerzo, a golpe de riñón, movían desarrollos de bicicletas muy pesadas, con la imagen imborrable de dos tubulares (uno doblado bajo el sillín de la bici y otro en forma de ocho, en la espalda del ciclista) por si pinchaban para cambiar ellos mismos el tubular. Llevaban también una botella de plástico en el cuadro para avituallarse, un morral donde guardaban alimento: dulces, miel y mermelada. Todo meritorio, ya que esos entusiastas pedalistas no tenían “manager”, ni auxiliares, ni mecánicos, que los promocionaran, arreglasen las averías o pinchazos en plena carretera. Así mismo, con gran sacrificio económico (la economía de la época era pírrica) se debían comprar “la bici” y la ropa de correr: “culotte”, maillot, chichonera, tubulares, parches, etc.

Todos los domingos del año, muy temprano, un grupo numeroso se reunían en la Taberna de El Narcea para salir a “hacer kilómetros”, a la espera de participar en alguna carrera que se organizaba de vez en cuando. Rodaban, “hacían piernas”, activaban músculos y se entrenaban dando “la Vuelta a los Puertos” (Navacerrada y León), como si nada. Y al día siguiente de “la tremenda paliza”, los integrantes del entusiasta “pelotón”, iban a trabajar “molidos”, aunque satisfechos de comprobar que “estaban en forma”, tal cual fueran turistas que tuvieron una placentera excursión. Sólo esperaban al siguiente fin de semana, para repetir una costumbre que se ha venido manteniendo hasta ocho décadas después, dónde le ponen la guinda al pastel, precisamente el día de Navidad.

Aquellos, entonces jóvenes, hoy con ocho décadas de calendarios, ya no pedalean, aunque siguen acudiendo a su cita anual, sin el transporte favorito: “la bici”; pero reivindicando el ascenso (andando, en moto o carro), desde las propias faldas del Alto del León; con meta de salida en el pueblo de Guadarrama y punto de reunión “el Alto”, donde se reúnen, conversan, recuerdan felices “sus machadas” y “fantasmean” todo lo que pueden y les dejan… ¡Puro ciclismo!

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