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Dilma Rousseff, presidenta de Brasil apartada del cargo por 180 días.

La presidenta brasileña, Dilma Roussef, del Partido de los Trabajadores (PT), fue suspendida del cargo durante 180 días para ser sometida a juicio político en el Senado.

Criticada por sus adversarios por su poca predisposición al diálogo y a la búsqueda de consensos, la primera mujer que accedió a la presidencia de Brasil debió hacer frente a un Congreso hostil y a una oposición implacable.

Rousseff es juzgada por irregularidades administrativas que habrían violado la Ley de Responsabilidad Fiscal, según la acusación, pero los analistas coinciden en que el principal factor de la pérdida de apoyo político a su gestión es la severa crisis económica que atraviesa Brasil.

Sus partidarios subrayan, por otra parte, la paradoja de que la presidenta es juzgada sin que exista ninguna sospecha de corrupción en su contra, mientras numerosos legisladores que la acusan enfrentan duros cargos ante la Justicia.

Nacida en el estado de Minas Gerais en el seno de una familia de clase media formada por un inmigrante búlgaro y una brasileña, Rousseff tiene una trayectoria marcada por su militancia contra la dictadura militar y por su actuación en el servicio público a partir de la redemocratización.

En su juventud participó en las organizaciones armadas de la resistencia al régimen de facto, conocidas como Colina (Comando de Liberación Nacional) y VAR-Palmares (Vanguardia Armada Revolucionaria). Fue arrestada, torturada y pasó tres años en prisión a comienzos de los años 70.

Tras haber estudiado Economía, ocupó a fines de la década de 1980 la Secretaría de Minas y Energía del Gobierno de Rio Grande do Sul, lo que le dio proyección nacional en esa área, granjeándose un perfil de gestora muy comprometida con sus responsabilidades.

Afiliada al PT desde 2001, fue ministra de Energía durante el primer mandato de Lula da Silva a partir de enero de 2003, implementando una amplia reforma en el sector, y pasó a ocupar la jefatura de gabinete del Gobierno desde junio de 2005.

Tuvo bajo su mando las principales acciones del Ejecutivo en el segundo mandato del exsindicalista, entre las que destaca la coordinación del plan de inversiones en infraestructuras de saneamiento, viviendas, transporte, energía y recursos hídricos.

Por sus logros en ese campo, el entonces presidente, Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), la señaló para disputar las elecciones generales de 2010 como candidata del PT. Venció en segunda vuelta con el 56 por ciento de los votos, convirtiéndose en la primera mujer en llegar a la presidencia de Brasil.

A partir de una visión “desarrollista”, que defendía una mayor intervención estatal en la economía, Rousseff promovió desde que asumió su primer mandato presidencial en enero de 2011 medidas “heterodoxas” para apuntalar la producción y el consumo.

Para impulsar el crecimiento, ofreció estímulos fiscales, subsidios y facilitó el crédito para las empresas, con tasas de interés reducidas, medidas que, sin embargo, dieron poco resultado.

A partir de 2013 se iniciaron varios programas de concesiones en el sector de las infraestructuras, con el fin de atraer inversiones privadas en aeropuertos, puertos, rutas, ferrocarriles, energía y petróleo.

El impacto en la actividad económica, no obstante, fue igualmente poco significativo, lo que sumado a la caída de los precios de las materias primas y el fuerte endeudamiento público y privado condujeron a un deterioro de la actividad económica.

Reelecta en segunda vuelta en 2014 con 51,6 por ciento de los votos válidos, Rousseff asumió su segundo mandato con serios desafíos en el área fiscal, que impusieron recortes en los gastos públicos en el marco de una tendencia a la recesión.

La revelación de una serie de casos de corrupción involucrando a dirigentes de la coalición de Gobierno, en especial en el seno de la petrolera estatal Petrobras, diseminaron un creciente descontento popular, que se tradujo en masivas manifestaciones pidiendo su salida anticipada del poder.

Rousseff deja el cargo en medio de la más severa contracción de la economía en toda la historia brasileña, con una caída del PIB de 3,8 por ciento en 2015 y una nueva caída prevista de 4 por ciento en 2016.

Aunque sus esfuerzos para revitalizar la economía fracasaron, la líder petista mantiene el apoyo de sindicatos y organizaciones sociales, en función de la continuidad durante su Gobierno de las políticas sociales iniciadas en la administración de Lula da Silva.

Aumentó los beneficios del programa Bolsa Familia, que otorga una renta mínima a más de 13 millones de familias en todo el país y, en su primer mandato, creó el programa Brasil Sin Miseria, con el objetivo de erradicar totalmente la pobreza extrema en el país.

Otros programas destacados fueron el Ciencia sin Fronteras, con la meta de enviar al exterior a 100.000 estudiantes brasileños a hacer cursos de posgrado y el Más Médicos, que envió a 14.000 profesionales de la salud a los lugares más pobres del país.

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